EL PROFESOR FRANZ DE COPENHAGUE, INGENIOS DE FÉRTIL IMAGINACIÓN SIN IA
Entre sus múltiples personajes, podemos encontrar al profesor Franz de Copenhague, muy famoso entre los niños y entre los no niños, que nos enseñó los mejores inventos del mundo, aunque fueran un poco… descabellados, como «la máquina para andar» un sistema que permite andar utilizando las manos en lugar de los pies para no tener que comprar zapatos. Pero, sobre todo, nos dejó ilustraciones tan maravillosas como alguna de las que traigo para esta colaboración. Querido lector: bienvenido al mundo fantástico de los inventos del profesor Franz de Copenhague.
El profesor Franz de Copenhague nació el 8 de enero de 1935, concretamente en el número 920 de la revista del TBO, aunque los inventos del TBO ya aparecieron por primera vez en 1920, a semejanza de publicaciones como la francesa Pêle-Mêle o las tiras que realizaba el estadounidense William Rube Goldberg bajo el título The inventions of Professor Lucifer Gorgonzola Butts.
El profesor Franz de Copenhague era un inventor de aspecto serio y probablemente nativo del norte de Europa, calvo y con gafas. Al principio, como buen científico que era, siempre llevaba una bata blanca, pero a lo largo del tiempo esa indumentaria fue cambiando por una amarilla e incluso una americana de color negro.
Aunque el creador o padre del profesor Franz de Copenhague fue Serra Massana, después de él le siguieron varios dibujantes, entre ellos: Benejam, Albert Mestre, Maurice Cuviller y, sobre todo, Sabatés, que fue quien más lo dibujó, hasta el último número de la revista, publicado por Ediciones B en 1998.
Sabatés era el nombre de guerra de Ramón Sabatés (1915-2003), un historietista barcelonés que había trabajado en otras publicaciones como "Pulgarcito" o "Jaimito" y entró en el TBO en 1943 revista en la que permanece vinculado más de medio siglo (1943 a 1998). Su condición de Perito Mecánico le permitió afinar sus inventos lo que otorgaba al diseño del profesor Franz de Copenhague mayor credibilidad a pesar de ser tan estrafalarios.
El propio Sabatés lo contaba en una entrevista en 2001: “Todos estos inventos que dibujé eran trasladables a la realidad, calculados para funcionar como indicaba mi dibujo, si alguien hubiera querido fabricarlos”. De hecho, Sabatés fabricó uno de los inventos del profesor Franz de Copenhague, concretamente el realizado por Nit y publicado en el TBO de 1925, titulado “Máquina-guillotina para cortar las puntas de los puros”, que se conserva en el Museu del Joguet de Catalunya, en Figueres (Girona).
Sólo un dato para ver lo prolija que fue su trayectoria como ilustrador del profesor Franz de Copenhague: desde 1943 llegó a crear unos 1.500 inventos.
Tal fue la repercusión de los inventos de nuestro querido profesor que llegó a popularizarse la frase de «Esto parece un invento del tebeo» usada coloquialmente como sinónimo de disparatado o inverosímil.
La gracia de las invenciones consistía en idear divertidos e ingeniosos mecanismos para resolver problemas cotidianos que la tecnología no se llegaba ni a plantear. Eso sí, las soluciones no siempre eran sencillas…. más bien extravagantes.
A pesar de todos los inventos que ingenió Sabatés y de los buenos momentos que nos hizo pasar, no logró conseguir la propiedad de los dibujos que realizó durante más de 40 años.
Y eso le llevó a vivir en la indigencia, junto a su mujer, los últimos años de su vida.
Una enfermedad cerebrovascular que lo mantenía en cama le hacía precisar numerosos cuidados, muchos de ellos muy costosos. Se fue arruinando poco a poco hasta que fue embargado de su vivienda y de sus pertenencias. Después de esto se vio obligado a recluirse en una residencia junto a su mujer.
Esta fue una de las razones que motivaron la organización de una exposición con los únicos 54 dibujos originales que el autor mantenía en su poder.
Un día antes de la exposición se fraguó la magia y el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Barcelona adquirió el lote de dibujos al precio que fijó el propio Sabatés: unos dos millones de pesetas. Era el año 2001 y Sabatés tenía 85 años.
Ese gesto del Colegio de Ingenieros permitió que Sabatés viviera más holgado durante los dos últimos años de su vida. Además, gracias a esta adquisición, una importante parte del legado creativo de Sabatés ha quedado a salvo.
Y con este emotivo final nos dejó Sabatés, no sin antes recordarnos al niño que todos llevamos dentro y que perdurará en sus dibujos para que todos podamos disfrutar de esas ideas tan delirantes como maravillosas, como esta última que comparto con todos ustedes y que quizás no esté tan lejos de la realidad….
Para muestra un botón: "https://www.youtube.com/watch?v=nGtwYEUI5qQ"
Fuente: Revista digital "Encima de la niebla" (6/2/2022), en un excelente artículo de María Ángeles Espilez Murciano y elaboración propia